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Blog de Pablo Rivera con enlace a sus libros, cortometrajes y monólogos que encontraréis en la columna de la derecha. Además, os mantendrá al corriente de sus actuaciones y podréis leer sus publicaciones más recientes en el muro del blog. Animaos a seguir el blog y a dejar comentarios en las entradas que Pablo actualiza semanalmente. Si eres gafaspasta, no te va a gustar ;o)
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miércoles, 6 de noviembre de 2013

La mofeta albina que cruzó Alemania


Stinktier: del alemán "stinken" apestar, oler mal; y "Tier" animal.


Suena el teléfono, lo cojo. Al otro lado una voz masculina que me habla en alemán.
-¿Paschka? Hola, soy Alex. He visto en la mitfahrgelegenheit que vas a Bélgica. ¿Aún tienes sitio?
-Hola, Alex. Sí, ¿adónde vas?
-A Giessen.
-Perfecto, pasamos por allí.
-¿Puedo llevar a mi mascota?
-¿Qué mascota es, Alex?
-Es una mofeta albina...
Silencio.
-Pero no huele, Paschka.
El Migue, que estaba escuchando la conversación y que también se apuntaba al viaje (íbamos a Gante a ver a su hermano por su cumpleaños), me miró como cuando ves a un chino paseando un perro y me dijo:
-Pobre mofeta, ningún animal la quiere porque es una mofeta. Pero es que las de su especie tampoco la quieren porque no huele mal como ellas. ¿Cómo puede ser Stinktier y no oler mal?
Salimos el viernes 24 de noviembre de 2006 por la noche. En realidad eran las cuatro de la tarde, pero ya sabéis cómo se las gasta el sol en Alemania en invierno. Alex, su mofeta, Mario (otro chico alemán que se bajaba en Siegen, Migue y yo. El Ibizica estaba ansioso por viajar a Bélgica.
Por Leipzig, todo bien, más que nada porque hay iluminación, farolas y esas cosas. Pero nada más salir de la ciudad y enfilar a la autopista, Migue no lo tenía muy claro.
-Paschka, ¿llevas las luces puestas?
-Claro.
Las de posición, sí. Las de cruce, no. Las bombillas se habían fundido antes de emprender el viaje. Teníamos que pegarnos al coche de delante como si fuéramos un sprinter en los Campos Elíseos o nos quedábamos a oscuras en medio de la autopista.
Por suerte, Migue es un poco MacGyver y consiguió cambiar una de las bombillas por una de repuesto que el Ibizica traía en el maletero. Con ella pudimos llegar a una gasolinera y allí comprar otra bombilla. Alex y Mario se miraron varias veces, supongo que pensando "estos españolitos son un puto desastre". Ahí estábamos, el Migue y yo con el Ibizica y su matrícula de Alicante (sin pegatina de la Unión Europea ni de España siquiera) en el país del automóvil. Me puse en el lugar de mis acompañantes y creo que es como si ellos vinieran a Valencia a hacer una paella en una sartén.
Hicimos las paradas correspondientes, los viajantes se apearon en sus estaciones y nosotros llegamos a Charleroi, donde recogimos a Adriana. Desde allí y de un tirón llegamos a Gante con las indicaciones del Migue:
-Mira, Paschka, tira por aquí que me suena que por esta calle he pasado yo. Eso es. Sigue recto. Y si la siguiente es dirección prohibida, ahí vive mi hermano.
Y así fue. Ríete tú de los GPS.
Llegamos a tiempo para el cumpleaños de José Luis y disfrutamos de la compañía de Adriana, que hacía tanto tiempo que no veíamos.
El domingo, la vuelta fue mucho más tranquila.
Ah, y Alex tenía razón, su mofeta albina no nos dio mal olor en todo el viaje.



viernes, 25 de octubre de 2013

Bye Bye Ibizica

Alicante, 11 de mayo de 2000 - Castellón, 25 de octubre de 2013



Si los años de un perro hay que multiplicarlos por 7 para saber qué edad humana tendrían, al Seat Ibiza habría que aplicarle una regla no muy distinta. Mi hermana lo tuvo y lo cuidó durante 5 años, en los que vivió en Alicante, Valencia y Madrid. En junio de 2005 pasó a mis manos y desde entonces el pobre no ha tenido tregua. Me llevó a muchos rincones de la península y más allá: Menorca, Alemania, Bélgica, Francia, Croacia... Y nunca se quejó, nunca sacó la lengua fuera para pedir un descanso. Alguna vez hubo que cambiarle la batería y las zapatillas para que siguiera rodando. Es solo una "cosa", no tiene valor sentimental, hay que amar a las personas y no las cosas, pero este coche hacía posible que pudiera ir a casa a ver a mi familia o a cualquier lugar a ver a mis amigos, y amarlos. Unos cuantos roces aparcando en sitios pequeños, algún frenazo a tiempo y una granizada por la que hubo que sustituirle el parabrisas en 2006 han sido sus heridas de guerra. Un coche que nunca me ha dejado tirado, al que le echaba la culpa cuando me perdía (y él no rechistaba). Un coche que a sus 13 años de vida como vehículo, hoy me ha llevado por última vez sonriendo y saludando a todo el que se cruzaba. El lunes me dan mi nuevo coche, pero no será tan especial como mi primer coche, el Ibizica. Todo al que le ha dado un paseo o lo ha conducido sabe que ha sido un buen coche y ha disfrutado con él. Aquí mi pequeño homenaje, unas cuantas fotos que perdurarán con el paso del tiempo.
Ibizica Power 4ever


En Berlín, pasando frío frente a la embajada.


Su fiel guardián, Leoncio AKA "León del Tour"


También sabía nadar


Copilotos ilustres "Paschka, cuidao' con la curva"


Si hasta se fue a buscar murciélagos...


Cuando hacía frío...


... y cuando hacía calor


Y su caja de la música secreta


Nunca fue celoso, pues me dejó llevar a la mejor compañía


Del primero al ultimo, como un señor. ¡Gracias!